Narrarse con Shakespeare

Dan Jemmett propone un audaz Shakespeare

Hace diez días al Teatro de la Abadía en Madrid fue puesta en escena la revisión de Shake de Dan Jemmett. La primera versión de esta audaz adaptación de `Noche de Reyes´ ya pudo verse también de la mano del Festival de Otoño en el año 2002 . El director británico conversa con la periodista de El País y aclara como para encontrar Shakespeare había tenido que poner una distancia. Es decir marcharse de Inglaterra. Su trabajo como metteur en scène se desarrolla sorprendentemente en francés — cómplice probablemente el común destino profesional y personal con su compañera de vida Irina Brook. Una nota biográfica que me parece muy interesante en varios niveles. La necesitad de poner distancia entre sí mismo y su propia cultura como semilla de ingenio y creatividad. Pero no solo. Un trabajo de `excavación´ biográfica que se transforma en producto teatral. En este caso concreto — el segundo en una cronología de once obras desde el bardo, fueron los recuerdos de infancia y de adolescencia a inspirar el humor de la representación. En el montarla fue a un mercadillo en París y comprando un tocadiscos y vinilos al azar encontré la música que tenía de joven. Eligió `la duodécima noche´ porque allí hay `una especie de gracia´ y Shakespeare parece celebrar la vida devolviendonos a la inocencia de la infancia. En su montaje los recuerdos de niñez que emergen a la superficie son las vacaciones que pasaba con su padre en la década 1950. Un hombre que fue actor y creció en una atmósfera de entretenimiento al estilo antiguo. Encantado a ver los espectáculos de stand-up comedy en la televisión y observar los titiriteros montar sus tenderetes en playas o embarcaderos para fascinar los niños. Personalmente me encanta eso tipo de teatro que nace en el narrar sí mismo y también sucede en el entusiasmar el espectador implicándolo. En 2018 K Samka y Eat a Crocodile presentaran Jes suis invisible! desde `El sueño de una noche de verano´ .

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Amoldémonos a las ramas

No respetamos en absoluto la inteligencia de los niños

Como casi siempre, aquí también es la imagen que me llama. Es la de una sonriente mujer que se asoma de la ventana en una casita azul. Detrás hay árboles. Ella es Lea Vélez, tanto autora como protagonista de Nuestra casa en el árbol recientemente publicado por el editor Destino . Lo que también me interesa en la presentación de este libro es el descubrir que eso es una novela-manifiesto contra cualquiera forma de educación estandardizada. Es decir un sistema de enseñanza `más basado en la memoria que en la reflexión´ y que Ana-Lea (la protagonista-autora) decide de dejar porque amenaza con malograr la estabilidad emocional de sus hijos y frustrar sus vocaciones. Si en la ficción Ana se marcha al sur de Inglaterra con sus tres hijos para crear un espacio de libertad y aventuras, Lea muda con sus dos hijos en Villanueva de la Cañada, cerca de Madrid. Es allí la casa (donde la fotografía fue tomada) que Lea `construyó, — dice la articulista, tablero a tablero, durante un año, sobre las ramas de una encina para demostrar a sus hijos que una mujer puede hacer lo que se proponga´. Un espíritu feminista que encuentra una alma pedagógica en el producir una sencilla pero vibrante metáfora.`Te tienes que adaptar al árbol como a las necesidades de los niños. La gente me decía: ¿Por qué no te vas a Leroy Merlin y te compras un kit y lo subes?. Y ves que no puedes porque te tienes que amoldar a las ramas´. Un paralelismo que me parece importante para evitar de irrespetar `en absoluto la inteligencia de los niños´ y despreciarlos `de una manera que ríete de la lucha de la mujer´.

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Dos memorias me tienen

‘La memoria de Shakespeare’

Shakespeare sería mío, como nadie lo fue de nadie

Hay 3071 coincidencias insertando `Shakespeare´ en el buscador de El País. A esta actividad me dedico el domingo por la mañana. Y buscando en eso inmenso archivo digital encontré la noticia de un documento literario que nunca ¡y culpablemente!, había encontrado antes: La memoria de Shakespeare de Jorge Luis Borges. Esta tardía publicación del escritor argentino titula un conjunto de cuatro relatos publicado en 1983. La figura del dramaturgo inglés — aprendo al leer una nota parecida en 2016 en Babelia `para borgianos´, es recurrente en la obra del imaginativisimo autor. Sin embargo, este `ensueño shakespeariano´ tiene su más maravilloso logro de ficción en que un tal Daniel Thorpe le ofrece, — `como si me ofrecieran el mar´, la memoria del bardo. Una oferta que el narrador acepta conllevando un anhelo de posesión casi faustiano. El final, anticipa el periodista, no es del todo feliz. Voy a leer el cuento y a escucharlo aquí a partir del menudo 49:15.

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Geometrías naturales

La geometría íntima de la naturaleza

Fue direccionada a este artículo leyendo lo dedicado a la timidez de los arboles. Intrigada por el concepto de geometría de la naturaleza, encontré el relato de esta presentación fotográfica. En 2015, en el espacio semipúblico del madrileño Palacio de la Moncloa, fueron expuestas las imágenes del fotógrafo y científico Héctor Garrido, famosas por haber introducido la película de Alberto Rodríguez La isla mínima. Tomadas en el curso de una carrera, ellas presentan una vista a vuela de pájaro sobre Doñana — el maravilloso espacio natural protegido en la bahía de Cádiz . En esta labor de veinte años en la Estación Biológica del parque natural, el autor de las fotos que componen no solo la muestra sino también un libro — Fractales. Anatomía íntima de la marisma, nos ilustra como contrastan entre ellas las geometrías construidas por el humano — uniforme y predecible, y las formas de la naturaleza — irregulares y, literalmente, inmensurables. 

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Irrespetuosamente suyo, Shakespeare

Porque es vuestra imaginación la que debe hoy vestir a los reyes,
Transportarlos de aquí para allá, cabalgar sobre las épocas…

Parece que la ola larga provocada por el artículo sobre `la idiotización de Shakespeare´ vacila a agotarse. En Jot Down, así que en la misma familia editorial, Ernesto Filardi profundiza los asuntos principales expresados por Marías sin jamás nominarlo. Por lo que pertenece al hecho de conferir a mujeres papeles de varones y la presumida incapacidad de la audiencia a comprender, el periodista empieza haciendo referencia al Julio César de Phyllida Lloyd, el éxito de lo cual dejó mucho perplejo al `innombrado´. En 2012 la directora presentó su versión ambientada en la época contemporánea y en una cárcel de mujeres con reparto enteramente femenino. Lejos de quedarse en un ejercicio de estilo, esa búsqueda de la diversidad continué con otras dos adaptaciones — Enrique IV y La tempestad, al contar con actrices de diferentes razas y acentos. Siempre en una prisión de mujeres para resaltar el tema de la opresión, sin cambiar la letra original. Un mensaje que fue recibido sin problemas por el público, suficientemente listo como para comprenderlo. Contrariamente a los puristas, y al argumento que estas actualizaciones son anacronismos que traicionan los escritos shakespearianos, el autor sostiene — en una estupenda paradoja, que el mayor respeto que se puede mostrar a Shakespeare es precisamente lo de perderlo el respeto, si no similarmente de`idiotizarlo´ . El concepto que aquí me parece interesante es que fue el bardo el primero `traidor´.  Su gran hallazgo fue la capacidad de decir algo antiguo en palabras nuevas en el deseo de encontrar los gustos de su propio público. El mejor modo de continuar esa aspiración es de acostarse a sus personajes y leyendas usando sin miedo referencias de hoy en día, por muy chocante que pueda parecer a los gendarmes de la pureza. Es así que Shakespeare sigue mandándonos su mensaje. Por supuesto algunos de los resultados podrán dejar a desear, sin embargo los disfrutadores del teatro lo saben y aceptan el pacto de este juego que eso es. Una practica compartida de la imaginación (y del pensamiento) que permite de responder a preguntas mientras que otras nuevas se revelan. Pero esto solo puede ocurrir si uno despide al papel de adulto muy serio y abre su corazón a sobresaltos.

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For ´tis your thoughts that now must deck our kings,
Carry them here and there; jumping o´er times

Una grieta de timidez

Hay árboles ‘tímidos’ que crean imágenes como estas

Este artículo presenta un fenómeno natural muy fascinante, lo de la timidez de los árboles — crown shyness en inglés. Hay las frondas de algunas especies tropicales que crecen muy pegadas las unas de las otras y dejan de crecer justo cuando sus ramas van a chocar con las de otras. Fotografiandolas de abajo hacia arriba, el espectáculo de las copas tímidas se revela, ya que la luz apenas llegue a través de rendijas que parecen creadas por un artista. En esta imágen se vislumbran los pequeños espacios que separan los ejemplares dibujando contornos casi fractales en contraluz. Para algunos esto es otra manifestación de la geometría de la naturaleza, o sea que las formas naturales obedecen a patrones matemáticos . Fue el botánico australiano Maxwell Ralph Jacobs en su libro Hábitos de crecimiento del eucalipto a acunar el término de `corona de timidez´ en los años Cinquenta. Para él esa se produce debido a la abrasión que ocurre cuando el viento mueve las hojas y esas se rozan. El fenómeno inspira también la exposición La timidez de las copas de los árboles de Beatriz Alonso en la Fundación Regional de Arte Contemporáneo de Lorraine en Metz (Francia). La comisaria madrileña comparte con Verne su interpretación: “Los árboles se comunican entre sí. En la naturaleza no siempre prevalece la ley del más fuerte. A veces funciona mejor colaborar, como hacen estos árboles”.

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Hábitos de crecimiento del eucalipto

El hábito filosófico es fundacional

¿Para qué sirve la filosofía (si es que tiene que servir para algo)?

Una de las reflexiones que me ocupan la mente en este momento se refiere a la forma en que la enseñanza de las lenguas extranjeras puede traer herramientas útiles del filosofar. Específicamente los del pensamiento critico. En cualquier caso y usualmente todo lo que concierne la utilidad de la filosofía es interesante para mí. En este artículo Jaime Rubio Hancock presenta la serie `¿Filosofía inútil?´, una columna que cada viernes aparece en Verne, unos de los suplementos online de El País. El objetivo, declara el periodista, es lo de recordar a los lectores que esta materia es un estudio vivo, actual, y necesario. Especialmente ahora que ha perdido densidad en el currículo de instituto y parece ser poco apetecible por los universitarios. Entre las opiniones recolectadas por el columnista para comprender si merece la pena de estudiarla la de Adela Cortina — profesora a la Universidad de Valencia, me parece interesante. Pese la contestable declaración que no es el mercado laboral el que decide las carreras que van a establecerse, ella tiene razón en decir algo que yo diría así: el hábito filosófico es fundacional. Practicar filósofos y filosofías habitúa el discernimiento y la comprensión de lo que queremos. Esa practica llega antes de el conocimiento técnico y de eso funda la capacidad de innovación (y su éxito). Los verdaderos filósofos son los que no se cierran detrás de ventanas y puertas de despachos, y que no tienen miedo de enfrentar la arena social. Los que saben trabajar aun en territorios otros de sus propios y los fundan. Éstos son útiles y tal vez necesarios.

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Aristóteles decidiéndose entre el huevo y la gallina. Ilustración: Anabel Bueno